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miércoles, 16 de diciembre de 2020

Críticas a la institución escolar

Durante los años sesenta y setenta del siglo XX, la sociología de la educación conoció un fuerte desarrollo en Europa occidental. En el contexto del Estado Social Keynesiano, surgieron numerosas críticas al sistema escolar, a la necesidad de democratizarlo, de introducir cambios profundos que no hicieran de la escuela un mecanismo de reproducción de las desigualdades sociales. Así lo expresaba uno de los textos más influyentes de esta época, "Ideología y aparatos ideológicos del Estado" (1970), de Louis Althusser: 
"Pido perdón a aquellos maestros que en condiciones terriblemente adversas intentan volver contra la ideología, contra el sistema, y contra la rutina en la que están cogidos, las escasas armas que pueden encontrar en la historia y en el saber que ellos enseñan. Estos hombres son de la raza de los héroes. Pero son pocos al lado de cuantos (la mayoría) no tienen ni la mínima sospecha del trabajo que el sistema que los sobrepasa y los aplasta les obliga a realizar, y que, peor aún, ponen todo su corazón y todo su ingenio en realizarlo sin la más remota conciencia de ellos (¡los famosos métodos nuevos!)".

 Estas críticas a la institución escolar también se reflejaron en el campo artístico. Entre otras muchas, el film "Los cuatrocientos golpes" (1959) del director francés François Truffaut, o el tema "School" que el grupo musical Supertramp publicaba en su disco "Crime of the century"  de 1974. Estelle McCartney ha mezclado ambas obras en este vídeo:

-Guías para el film "Les quatre cents coups":

https://edu1d.ac-toulouse.fr/politique-educative-31/arts-et-cultures/files/400-coups-pistes-p%C3%A9dagogiques.pdf

https://www.reseau-canope.fr/atelier-val-d-oise/cinema/IMG/pdf/400coups.pdf

sábado, 12 de noviembre de 2011

Competitividad en las aulas




En clase de francés, los alumnos más adelantados responden con presteza sin dejar a los más retrasados pensar siquiera en la respuesta, corrigen con cierta impaciencia a sus compañeros, o se quejan del retraso que su torpeza en ocasiones produce. En otra clase de inglés, una compañera relata cómo intenta ganar a un grupo más aventajado en la asignatura para convertirlos en colaboradores en lugar de su actual actitud de bloqueo e interrupciones en el aula.
Cada vez escuchamos hablar de una escuela "a la carta", una educación personalizada, en la que los padres puedan elegir entre la limitada (y muy sesgada ideológicamente) oferta actual.  Se ignora el carácter de aprendizaje conjunto, de colaboración, fundamental en la educación. Frente al modelo de escuela unitaria, tenemos una escuela cada vez más segmentada según capacidades o niveles de aprendizaje... El alumnado "retrasado" es visto cada vez más como un freno para el aprendizaje del más adelantado.

Y bajo ese discurso parecen darse por conseguidos muchos objetivos de los que aún estamos  muy lejos: una escuela realmente democrática, participativa; una escuela que favorezca la igualdad de oportunidades, y no sirva sólo para "reproducir" las divisiones sociales ya existentes, para legitimarlas y darles "carta de naturaleza"... Una escuela que busque la calidad y la excelencia una vez que haya garantizado la igualdad, y que intente buscar esa calidad para todos y todas.

Nuestra inspectora nos pide que fomentemos la participación del alumnado en las clases. Es algo que a todos nos parece bien. Lo que cuando yo era estudiante no me parecía tan bien es que buscaran la participación del alumnado en programas, contenidos o materias sobre los que nunca nadie se molestaba en preguntarnos nuestra opinión. La próxima reforma educativa probablemente contará con un grupo de expertos, pero seguramente se volverá a olvidar a preguntar a los y las estudiantes. Como ya comentamos en otra entrada de este blog, sobre la actividad desarrollada con estudiantes en Sevilla acerca de "La escuela que queremos", habría muchas cosas interesantes que escuchar de nuestros estudiantes si alguna vez les prestáramos atención.