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jueves, 28 de octubre de 2021

Sobre el control de asistencia del profesorado. Nuevos dispositivos disciplinarios.

"¿Cómo puede un hombre trabajar así, día tras día, sin faltar? ¿No se morirá?"

Obrero de una plantación del Camerún.

 


    La Consejería de Educación de la Junta de Andalucía ha implantado a comienzos de este curso 2021/2022, en todos los centros educativos, un nuevo control de las entradas y salidas del personal docente a través de dispositivos como la geolocalización, el código QR, el tecleado de un pin personal o el pase de un llavero en un dispositivo de control en las salas de profesores.

    Aunque al principio hubo algo de debate sobre el uso y almacenamiento de la información recogida por estos nuevos dispositivos, la implantación parece haberse hecho este comienzo de curso sin dificultades. Parte del profesorado valora incluso la comodidad del uso de estas nuevas formas de control de asistencia, aunque implique el uso de sus dispositivos particulares (tabletas, móviles...). Lo que sí facilitan estas nuevas formas de control es la acumulación, la gestión y el análisis de los datos que recogen (procesos en los que no tienen participación los propios trabajadores).

    El historiador E. P. Thompson (Costumbres en común, 1967) estudió las conexiones entre la percepción del tiempo, la disciplina de trabajo y el capitalismo industrial. Thompson señaló cómo en muchas sociedades campesinas "la medida del tiempo está generalmente relacionada con los procesos habituales del ciclo de trabajo o tareas domésticas" ("el rezo de dos credos o un avemaría", "una cocción de arroz"). No pretenden dominar, utilizar o ganar el tiempo, sino que lo orientan a los quehaceres cotidianos. La diferencia entre "trabajo" y "vida" no está tan marcada (incluso no poseen un término para el primero). Las relaciones sociales y el trabajo están entremezclados, la jornada de trabajo se alarga o contrae de acuerdo con las labores necesarias. 

    Con la revolución industrial, el valor del tiempo no viene ya determinado por el quehacer sino que es reducido a dinero: el tiempo no pasa, sino que se "gasta". La necesidad de sincronizar el trabajo industrial coincidió con la difusión general de los relojes. Desde el puritanismo y la burguesía capitalista se intentó corregir la tradicional irregularidad de los días (San Lunes) y semanas de trabajo, reduciendo las tradicionales fiestas y ferias. Para ello diseñaron medidas para gobernar y regular a la mano de obra refractaria (como la elaboración de una hoja de horas para cada empleado anotadas por un monitor o vigilante de fábrica). Otras medidas utilizadas fuero los informadores y las multas (aunque el ritmo de las máquinas era con frecuencia un buen vigilante). La propia escuela era propuesta como un buen método para inculcar "la economía del tiempo", la industriosidad, el orden y la regularidad. La escuela reproducía así este nuevo universo de tiempo disciplinado.

    Las crítica moral de la ociosidad en las clases trabajadoras, desde las clases dirigentes, constreñía a los primeros a consumir, comercializar, utilizar todo el tiempo. Como señala Thompson, las resistencias de los trabajadores siguen dirigiéndose hacia reducir la jornada laboral y "reaprender algunas de las artes de vivir perdidas con la Revolución industrial: cómo llenar los intersticios de sus días con relaciones personales y sociales más ricas, más tranquilas; cómo romper otra vez las barreras entre trabajo y vida". Aunque "ninguna cultura reaparece con la misma forma", es posible "combinar elementos de lo antiguo y lo nuevo", de tal forma que la puntualidad en el trabajo, más que una inflexible obligación impuesta, expresaría el respeto hacia los compañeros de trabajo (o en nuestro caso, también hacia el alumnado), permitiendo un amplio margen de confianza y autonomía para los trabajadores/as (una muestra de "respeto" por parte de los vigilantes), y la posibilidad de que pasar en ocasiones el tiempo sin "finalidad", sin ganancia, sea  también "un tipo de comportamiento visto con aprobación por nuestra cultura".

martes, 13 de marzo de 2018

Sobre la apertura de procesos disciplinarios al profesorado.


Un paso más en el desarrollo legislativo sobre los procesos disciplinarios al profesorado ocurrió el 19 de agosto de 2011, en plena canícula, cuando la Junta de Andalucía publicó una orden que regula el procedimiento por el que los directores de los centros docentes públicos puedan ejercer la potestad disciplinariasobre los docentes y el resto de personal de los centros educativos. Aunque la sanción que podrán imponer los directores a los profesores y al resto de trabajadores es el apercibimiento por falta leve, y este prescribirá pasado un año, ya ha provocado algunos conflictos. En este procedimiento parecen existir pocas garantías para los inculpados: el director/a es el responsable de la fase de la incoación del expediente, de nombrar al instructor del procedimiento y de la imposición final de la sanción.
En este sentido os recuerdo que en caso de ser convocados a algún despacho por alguna incidencia que pueda tener consecuencias disciplinarias se debe notificar con tiempo suficiente y en nuestro horario, indicando siempre el motivo por el que nos convocan. En la reunión se nos debe informar sobre el derecho de ir acompañado de un testigo y, si el directivo responsable toma notas o levanta acta de lo que se habla en la reunión, es recomendable registrar (puede ser en audio) todo el proceso. Además, no tenemos obligación de firmar el acta que elabore el directivo, más todavía si no se nos proporciona una copia y se limita a leérnosla. Por último, podemos pedir que se incluya en el acta nuestro desacuerdo con el procedimiento empleado si no se ha cumplido alguna de las condiciones anteriores. Más información: http://laboro-spain.blogspot.com.es/2012/03/que-hacer-en-las-encerronas.html
La propia legislación exige a la Administración y a los equipos directivos el fomento del reconocimiento y el respaldo al profesorado en el desempeño de su profesión, así como el respeto a sus derechos como trabajadores.