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domingo, 3 de enero de 2021

La educación sentimental: Orihuela y la literatura

  


   Cuando todavía estaba en el colegio, un profesor  nos habló de dos escritores, ambos de la cercana ciudad de Orihuela, y ambos olvidados durante la oscura y necia dictadura. El primero era Gabriel Miró, al que este profesor nos animaba a leer y anotar su rico vocabulario; el segundo era Miguel Hernández, un joven poeta muerto en las cárceles del franquismo. 

    Recuerdo que, ya en el Instituto, tras la muerte del dictador, otro profesor, Domingo Navarro, nos acompañó a visitar la casa donde vivió Miguel Hernández. En la casa del poeta vimos la higuera y el huerto que describe en sus poemas. Paseamos por la ciudad, donde tímidamente se empezaba a recuperar su memoria. Una ciudad llena de iglesias, que parecía querer ocultar al pequeño río Segura, que llegaba a la ciudad turbio y maloliente; y donde destacaba la mole del colegio jesuita en el que estudió el poeta oriolano. 

    En clase, y en casa, leíamos y releíamos sobre todo la Elegía a Ramón Sijé, el emocionado lamento a la muerte de un amigo. De Orihuela fueron también dos buenos amigos de la universidad (Jorge e Isaías) y con ellos volví alguna vez más a su pueblo. He elegido un verso que pudiera ser una buena guía de vida: “Esperar, no cansarse de esperar la alegría”. Porque la alegría, la pura alegría, es quizás la meta última de toda ética, de toda “buena vida”. También destacaría la forma, liviana e intensa a la vez -como la vida- con la que en el siguiente verso señala cómo debería ser nuestra despedida: “Con sonrisa te fuiste de la tierra y del cielo”.

    En la Semana Santa de 1947, en el periodo más duro de la dictadura franquista, apareció una pintada en el edificio de Filosofía y Letras:

 “Viva la universidad: Machado, Lorca, (Miguel) Hernández. FUE” 

F.U.E. era el sindicato estudiantil de la etapa republicana. Por esta pintada fueron detenidos dos estudiantes de Derecho, Manuel Lamana y Nicolás Sánchez-Albornoz. Juzgados en consejo de guerra como miembros del PCE, fueron condenados a 4 años de prisión. Se fugaron en agosto de 1948 gracias a dos amigas estadounidenses, Barbara Probst Salomon y Barbara Mailer (Vid. Elena Hernández Sandioca, Miguel Ángel Ruiz Carnicer y Marc Baldó Lacomba, Estudiantes contra Franco (1939-1975). Oposición política y movilización juvenil. La esfera de los libros, Madrid, 2007, p. 507). 

    Miguel Hernández murió en las cárceles franquistas, y tanto su obra como la de Gabriel Miró, una por motivos políticos (militancia comunista y milicia de la cultura en el frente republicano) y la otra por cuestiones religiosas (anticlericalismo de alguna de sus obras), tuvieron serios problemas con la depuración y censura de la dictadura franquista.

Para saber más: https://www.rtve.es/alacarta/videos/viento-del-pueblo/viento-del-pueblo-miguel-hernandez-parte-1/3961394/

 https://www.rtve.es/alacarta/videos/viento-del-pueblo/viento-del-pueblo-miguel-hernandez-parte-2/3961405/

 https://www.youtube.com/watch?v=1D8_ay1SW4Q

 Sobre Gabriel Miró puedes ver y escuchar este pequeño documental:  

Puedes leer también algo de su obra El obispo leproso pinchando aquí.

 Quisiera terminar, por último, con el recuerdo de Eduardo Sansano, mi amigo, fallecido hace años, pero siempre presente, y con el que compartí alguno de estos viajes geográficos y literarios. Te echamos mucho de menos. Un fuerte abrazo, donde estés.

Contra la Selectividad: las protestas estudiantiles.

    La Selectividad, que venimos analizando en otras entradas de este blog, fue uno más de los elementos restrictivos (junto con la subida de tasas académicas, la supresión de los exámenes de febrero, los alumnos libres o el establecimiento de numerus clausus), que ya desde finales de la dictadura franquista impusieron las clases dominantes de nuestro país para frenar la creciente "masificación" universitaria, es decir, lo que desde su perspectiva de clase se entendía como la inasumible transformación desde una universidad de elites hacia una "universidad de masas" (o en términos menos clasistas, una universidad más popular). 

    Las protestas contra la Selectividad dentro del movimiento estudiantil arrancaron, como vimos, con la aprobación en 1974 de la Ley de Selectividad, y continuarían durante la Transición, durante la cual se planteó la búsqueda de alternativas democráticas al viejo sistema educativo de la dictadura. Junto las luchas antiselectivas, se desarrollaron durante esos años luchas corporativas (sobre planes de estudio, demanda de infraestructuras adecuadas) o de reformas institucionales (gestión democrática, estatutos o autonomía de los centros). 

    Los últimos años de la transición fueron de una fuerte contestación estudiantil contra la Ley de Autonomía Universitaria y el Estatuto de Centros Docentes, un freno a los proyectos de alternativas democráticas impuesto por la política conservadora del gobierno de UCD. La llegada del PSOE al gobierno no reduciría los conflictos, y junto a la oposición a la temprana Ley de Reforma Universitaria, aparece un fuerte movimiento de protesta en las enseñanzas medias, especialmente durante el curso 1986-1987, donde entre otras reclamaciones se reivindica la supresión de la selectividad y los numerus clausus, la congelación de las tasas académicas y su progresiva disminución, el aumento de las becas y, en general, el incremento de los presupuestos generales del Estado dedicados a la educación. Conviene recordar que desde 1975 a 1986 se incrementó en un 76% el número de alumnos en secundaria, en un contexto de políticas neoliberales de recorte del gasto público, y con altas tasas de paro juvenil que hacían de la enseñanza media y universitaria una estrategia, el único capital para intentar salir de la exclusión. La actitud del gobierno socialista que se negaría durante mucho tiempo a recibir a los estudiantes y dialogar con ellos, y que ordenó reprimir brutalmente algunas de las manifestaciones convocadas, acentuó y prolongó durante mes y medio la protesta. Este movimiento estudiantil nutriría los movimientos sociales de la época, como se reflejó en su participación en la campaña contra la entrada de España en la OTAN, tras la vergonzosa reconversión ideológica de los líderes del PSOE.
Nota: para estas líneas he utilizado algunas ideas del artículo de Carlos Vaquero "El movimiento estudiantil universitario", aparecido en la revista Mientras Tanto (nº 91-92, 2004, pp. 155-176).
A continuación, la información aparecida en el telediario de la 1 acerca de las movilizaciones estudiantiles de 1987.


    En la imagen de la izquierda podéis ver al joven Jon Manteca, que tiene página propia en wikipedia, y que la prensa convirtió en icono mediático de las protestas. Su violencia contra el mobiliario urbano parecía más llamativa para los medios de comunicación que la violencia policial, cuyos disparos alcanzaron, en esa misma protesta, a una manifestante, María Luisa Prada, de 15 años de edad. 

    La corta popularidad de Jon Manteca, utilizado durante un breve tiempo por los medios de comunicación como reflejo de la violencia sin sentido "antisistema", fue "resignificada" sin embargo por grupos de jóvenes como "respuesta reflejo" a la violencia policial, o como imagen de la frágil y precaria (con "muletas"), pero escurridiza lucha contra la resignación, frente a la situación de exclusión de muchos jóvenes españoles. Y ello representado a través de la destrucción de ese letrero de la estación de metro "Banco de España".