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sábado, 24 de julio de 2021

La colonización psi del discurso educativo

 "(...)No podemos sustituir la transmisión del deseo, del deseo de saber, por una educación emocional que considera la expansión narcisista de uno mismo -de acuerdo a la nueva razón neoliberal- como la única forma de verdad. Por el contrario, de lo que se trata es de promover el descentramiento del propio Yo para abrirse a otros mundos y abrazar el encuentro con la cultura y el conocimiento, más allá del cultivo engañoso de la autoestima y de la ilusión neoliberal de hacerse uno mismo mediante la aplicación de técnicas de gestión emocional".


 Jordi Solé y Segundo Moyano, en su artículo titulado "La colonización Psi del discurso educativo" (Foro de Educación, nº 23, 2017, 101-120), analizan de forma crítica el peso que tiene hoy el discurso psicológico en el mundo educativo: desde el uso abusivo del diagnóstico en salud mental en el marco escolar, a los efectos de la expansión de las neurociencias en el conocimiento pedagógico, o el desarrollo de la psicología emocional en la construcción de "subjetividades emprendedoras". En este sentido, advierten que "cuando los aprendizajes ya no se vinculan con la cultura sino con el comportamiento, es decir, cuando la educación ha renunciado a la transmisión cultural, solo queda la praxis del examen de conciencia". Últimamente, señalan, "la educación está ocupada en hacer que los sujetos internalicen cierta mirada psicológica sobre sí mismos", mediante la aplicación de algunas técnicas psi que ayuden a "gestionar las emociones", una mezcla de Psicología positiva y herramientas básicas de autoayuda que han encontrado en la neurociencia el aval necesario...". La empresa se ha convertido en un modelo general a imitar, y este discurso define una nueva ética, la ética del emprendedor. 

"Técnicas como el coaching empresarial, el training, la programación neurolingüística (PNL), el análisis transaccional (AT), el mindfulness y otros procedimientos de management personal..., se utilizan como "prácticas de gubernamentalidad" a la hora de entrenar a los sujetos en "el dominio de sí mismos... El hecho de que estos programas se presenten con valores que favorecen el bienestar y el desarrollo personal y las inteligencias múltiples (¿quién se atreve a criticarlos?), son acogidos con mucho entusiasmo, sobre todo entre los profesionales más voluntariosos y comprometidos con el cambio educativo". 

Pero, como indican los autores de este artículo, quizás estemos "reemplazando la responsabilidad pedagógica por la de ofrecer cuidados terapéuticos" (cuidados que no pretenden transformar el entorno social sino promover una especie de ascesis emocional o un enfoque de salud mental, que puedan modificar los comportamientos que no se consideren "normalizados" en el modelo de escuela neoliberal).

 

viernes, 18 de enero de 2019

Educando para ser "felices". Meditación y mindfulness en la escuela.

La socióloga española Helena Béjar ha reflexionado en varios libros y artículos sobre el ascenso de la vida privada y el individualismo en nuestra modernidad tardía. Recientemente ha escrito en El País un artículo, ¿Sólos o felices? (17 enero 2019) donde analiza la actual "cultura de la felicidad", una meta que se presenta como una cuestión de método, de técnica. Una de estas técnicas, la meditación, "se está extendiendo en los colegios como parte de una educación para ser feliz", según la autora). Podéis leer el artículo entero pinchando en el título. Aquí os dejo unos fragmentos:

 "La modernidad tardía está creando dos fenómenos interrelacionados que apuntan en direcciones opuestas: el aumento de la soledad y del suicidio y el imperativo cultural de la felicidad. (...)Su presupuesto es que el carácter es moldeable y ofrece el cambio del yo para conseguir la felicidad. Es un proyecto privado, propio de una cultura individualista que ha dejado atrás los colectivos, el llamado programa de emancipación. La oferta del cambio interno no es poco en una sociedad secular y desencantada. La literatura de consejos quiere construir un yo fuerte y autosuficiente e instaura un código frío con la autosuficiencia y el distanciamiento como valores centrales. La felicidad es cuestión de técnicas. (...)Y si la dicha es cuestión de método, alcanzarla depende de uno. Solo el individuo es responsable tanto de hacerse como de deshacerse a sí mismo. Vuelve el budismo light de los sesenta, ahora llamado mindfulness, que ayuda a ser feliz. A aprender a suspender el deseo, la tristeza, el yo mismo. En la respiración está la clave de su vida. Líderes morales como David Lynch o Martin Scorsese practican la meditación, que se está extendiendo en los colegios como parte de una educación para ser feliz. 
La cultura actual de la felicidad condena las emociones y actitudes “negativas” —tristeza, duda, queja— mientras que la soledad se estigmatiza. Si uno carece de lazos sociales será por su culpa, por su estilo negativo. Por carecer de flexibilidad, valor ya incontestable, y no poder adaptarse al mercado, al trabajo, a los otros. La soledad se ha convertido en la nueva cara del fracaso y ha de ocultarse, porque la depresión que puede conllevar es contagiosa y “tóxica”, según el credo positivo.
(...)El imperativo de la felicidad hace responsables de la desdicha. El ascenso de la ideología positiva deja más solos a los que fracasan en el cambio del yo. Y con la suspensión de las causas sociales de la soledad —y del suicidio— avanza el progreso de la conciencia psicológica, el declive de las instituciones y la colonización de la moral por parte de la cultura psicoterapéutica".

domingo, 11 de noviembre de 2018

La locura del mindfulness (en la escuela).

La socióloga norteamericana Barbara Ehrenreich, en su último libro "Causas naturales. Cómo nos matamos por vivir más" (Turner, 2018), dedica un capítulo a "la locura del mindfulness". Explica cómo, frente a la disminución de la capacidad de atención -que parecen mostrar algunos estudios- en nuestras modernas sociedades tecnológicas, y sus síntomas asociados (TDA, TDAH, síndrome de Asperger...), se ha recurrido a adaptar aspectos de religiones como el budismo -su "núcleo laico-, para controlar la mente mediante la meditación o "atención plena". Esto último es lo que recibe el nombre de mindfulness, un concepto que apareció en libros superventas a finales de la década de 1990 (¡ya está quedando anticuado para los defensores de la innovación permanente hacia no se sabe dónde!).
Como señala Ehrenreich, "el budismo, o una adaptación del mismo se está convirtiendo en una marca de clase social, al menos entre la población blanca, y en ninguna parte era esto más patente que en Silicon Valley" (p. 99). Compañías como Google difundieron el mindfulness como una forma de modelar nuestro cerebro. Fue precisamente Silicon Valley quien legitimó el mindfulness de cara al mundo de los negocios. Debutó en el Foro de Davos en 2013 y desde entonces se han celebrado congresos Wisdom 2.0 en importantes ciudades del mundo, desplegando negocios de coaching y diseño de apps (más de quinientas actualmente disponibles). Desde allí el mindfulness se ha extendido hacia otros ámbitos, como el educativo (de lo que da muestra la proliferación de cursos para el profesorado sobre este tema, sosteniendo -sin argumentos científicos validados- sus bondades en el aprendizaje).
Los defensores del mindfulness citan siempre -como advierte Ehrenreich- "el estudio de 2004 de un neurocientífico que demostraba que los monjes budistas con cerca de diez mil horas de meditación a sus espaldas presentaban patrones de actividad cerebral alterados" (p. 103). A partir de aquí, deducían que a través de la meditación, "ya fuera monástica o guiada por una app, cualquiera podría acceder a su tejido cerebral y "reesculpirlo" en una dirección más calmada y atenta" (p. 104). Hace así un uso a su conveniencia de la "neuroplasticidad" de nuestro cerebro, algo innato en nuestro tejido neuronal que no requiere un esfuerzo consciente por reprogramarlo.
Un "meta-análisis" de estudios previos publicado en Estados Unidos en 2014, "encontró que los programas de meditación pueden ayudar a paliar síntomas relacionados con el estrés, pero que no son más efectivos que otras prácticas como la relajación muscular, la medicación o la psicoterapia" (105). Es decir, que para mejorar la atención o la concentración lo mismo nos puede servir la lectura de un buen libro, un paseo o una comida en compañía de amigos. Así que ánimo, a relajarse (y desconectarse) sin los gurús de moda.


jueves, 4 de octubre de 2018

El emprendimiento y el capitalismo afectivo en la escuela.

Nos llenan la cabeza de pensamientos positivos y exhortaciones a la autosuperación: ve más allá de tus límites, no hay nada imposible, emprende, persigue tus sueños, sal de tu zona de confort, mantente conectado 24/7, compite, sé creativo. Si crees en ello, lo conseguirás. Es el estilo del trabajo en la economía neoliberal.
Sergio Fanjul, Sal de tu zona de confort: así te come la olla el capitalismo afectivo, (06/06/2018).

   En unos tiempos en los que la escuela se inunda con técnicas de relajación, mindfulness, coaching emocional, programación neuro-lingüística y demás estrategias pseudocientíficas, parecen haber desaparecido otras alternativas pedagógicas (como las escuelas democrática y participativas, que no "psicologizan" el conflicto escolar, desde las competencias y la competitividad entre individuos, sino que lo enfocan desde el debate colectivo y social). Esto conduce a la despolitización y a la eliminación de la crítica (como "negatividad").
   Como afirma también Sergio Fanjul en su artículo, "la apelación a la psicología de la creatividad, a los valores de la emocionalidad y al coaching (esa forma de hacernos tragar lo que nos quieran hacer tragar) va en aumento, al tiempo que se desinstitucionalizan las relaciones laborales y se insta a las personas a convertirse en líderes y lograr la felicidad sin freno. Entre mindfulness, design thinkin y pensamiento intuitivo, no existe el conflicto".