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martes, 23 de agosto de 2022

Juan Ramón Capella: "El aprendizaje del aprendizaje"

 El libro de Juan Ramón Capella "El aprendizaje del aprendizaje" (Trotta, 2017) es una introducción al estudio del Derecho, pero contiene algunas observaciones y consejos sobre el aprendizaje que me gustaría contaros. Aunque orientado hacia el alumnado que comienza la Universidad, creo que puede ser interesante para el alumnado de Instituto, especialmente para el que está terminando el bachillerato. 

Capella comienza recordándonos la necesidad de pensar, "hacer frente intelectual y moralmente a la desigualdad social" que actúa en muchas ocasiones como filtro selectivo en el proceso de aprendizaje. No todos los compañeros "progresan adecuadamente" en sus estudios y no se debe muchas veces a cualidades personales sino a motivos culturales o económicos: a la proximidad o lejanía con la (sub)cultura dominante, o a la dificultad de compaginar el estudio con las necesidades económicas personales o familiares. También debemos cuestionar la división del trabajo en intelectual y no intelectual, así como la división por género. En el proceso de trabajo manual también se despliega nuestro intelecto, y no hay ninguna justificación "natural" a la desigual distribución del trabajo entre hombres y mujeres. 

También aporta Capella sugerencias y consejos sobre el aprendizaje, como la necesidad de mirar más allá de las paredes del aula, hacia los problemas reales, objetivos, de la existencia de las gentes. Nos aconseja también sobre cómo estar "activamente" en clase, sobre la importancia de trabajar al margen de la clase, con los libros (los buenos libros sobre los que reflexionar y releer), con los compañeros (como la elaboración de fanzines, revistas, seminarios organizados por estudiantes, coloquios y conferencias...), ampliando hacia el exterior el espacio cultural de la institución escolar. Es posible "otra manera de estudiar y hacer", que no se limite a buscar el aprobado o competir por el mejor expediente académico. 

Más discutible es su consideración sobre el aprendizaje en la enseñanza media, que considera de carácter gradual y repetitivo, pero no innovador. Una especie de "aprendizaje de mantenimiento", que tiene su importancia (conservar y transmitir el saber adquirido), pero que se presenta como terminado, cerrado. Su organización analítica, que descompone los saberes en disciplinas separadas, en unidades sin conexión, desatiende las problemáticas que esos saberes plantean, las cuestiones para las que todavía no tenemos respuesta. Esto es, tristemente, muchas veces cierto. Pero creo que la exigencia de interdisciplinariedad y de historicidad (que, como señala Capella, permite "contemplar como provisionales y revisables las delimitaciones de cada saber particular") es algo que debemos buscar en la enseñanza media, e intentar realizar dentro de nuestras limitaciones. 

En todo caso, es este un libro que permite reflexionar críticamente sobre el proceso de aprendizaje en nuestras instituciones educativas, y que plantea la posibilidad, como mencionamos más arriba, de buscar "otra manera de estudiar y de hacer".

domingo, 31 de octubre de 2021

¿Qué aprendizajes básicos son necesarios en un mundo complejo y en cambio?: Leer, escribir y pensar.

 


    Jaume Martínez Bonafé, al que ya hemos mencionado en otras entradas de este blog, publicó hace poco un artículo titulado "Leer, escribir, pensar (para aprender a vivir)" que creo que resulta interesante en estos días en los que se publican y debaten los borradores de la nueva reforma educativa, donde proliferan las competencias y aprendizajes clave, y se debate sobre los cambios curriculares. En dicho artículo, se subraya la importancia de tres aprendizajes básicos (pero que, quizás por ello, quedan muchas veces descuidados) en la educación, también en la actualidad: leer, escribir y pensar. Seguramente son necesarias muchas más habilidades para desenvolverse en nuestra sociedad, pero no deberíamos descuidar estas tres, especialmente entre nuestro alumnado menos favorecido social y económicamente. A continuación os dejo algunos fragmentos:

    "Hace pocos días, el Capítulo Español del Club de Roma y la Institución Libre de Enseñanza (ILE) organizaron un Ciclo de Debates bajo el título: ¿Qué aprender en un mundo complejo y en cambio? Yo tuve el privilegio de participar en una sesión en la que se nos interpelaba con la pregunta ¿Con qué bagaje debe salir el ciudadano de nuestros días del sistema educativo? Mi respuesta, en un esforzado intento de síntesis, fue: habiendo aprendido a leer, aprendido a escribir y aprendido a pensar para poder aprender a vivir".

- Aprender a leer:  "Paulo Freire, del que este año se cumple el centenario, nos ayudó a entender que la lectura es un ejercicio de interpretación crítico y creativo, que esa interpretación nos facilita entender lo que pasa y lo que nos pasa, y que esa lectura del texto es inseparable de la lectura comprensiva y crítica del contexto". También -añade Martínez Bonafé- Michel Foucault nos enseñó a analizar esos discursos en relación con las prácticas institucionales que los fomentan o los silencian (por ejemplo desde determinadas representaciones de la realidad en los libros de texto, que no sólo intentan determinar la forma de nombrar la realidad, sino también de conformar nuestras prácticas).

- Aprender a escribir: "Escribir es un acto de compromiso y reivindicación que nos proyecta como sujetos, nos hace presentes y nos otorga voz propia. Escribir es dejar constancia de la voz que nace de la voluntad de ejercer la palabra, la voluntad de decirnos cosas, de escribir con voz propia, con lengua propia, con nombre propio. No me refiero, por tanto, a la escritura mecánica, estandarizada, no me refiero a la escritura de la copia y el dictado, la escritura del examen. No me refiero a esa escritura adormecedora. Escribir es aprender a elegir, a tomar la palabra como un momento y un espacio de creación y de libertad, en el que entran en tensión el conocimiento como regulación y el conocimiento como emancipación. Con la escritura sembramos la memoria, abrimos la reflexión, cultivamos el pensamiento".

- Aprender a pensar: "Si conseguimos con la lectura un ejercicio de interpretación crítico y la escritura nos compromete y proyecta frente al mundo, pensar nos involucra en una relación con los demás, nos pone frente al otro, nos provee de herramientas para tomar distancia, analizar, imaginar otro mundo posible y transformar el mundo en el que nos hemos ido haciendo, el mundo que nos ha ido haciendo, el mundo que nos ha conferido identidad impuesta. Pensar es poder decir nosotros y nosotras y hacerlo con autonomía frente al poder, sugiere Marina Garcés. Pensar es pensar juntos, no para pensar igual, pero sí para conocer opciones diferentes y tomar decisiones. Pensar nos proyecta en el espacio público a través de las palabras, del lenguaje. Hay una expresión que dice “detenerse a pensar”. En efecto, pensar requiere un tiempo reñido con la prisa, para poder tomar una distancia y a la vez un desplazamiento respecto a eso que normalmente damos por hecho". Podríamos añadir, en esta apartado, que pensar colectivamente nos permite poner también en común la palabra, la oralidad, la capacidad de escuchar, y así evitar ese sentimiento de inferioridad creciente entre las culturas populares (en las que crecen gran parte de nuestro alumnado) frente al discurso "culto" que domina en su aprendizaje de la lectura y la escritura. Un discurso "culto", académico, que es importante también mostrarles, pero no desde la veneración acrítica (la enseñanza de la historia de la filosofía como el análisis del pensamiento de los santos laicos de la cultura académica); y tampoco desde la descalificación genérica de los saberes populares a lo largo de la historia (mitos, tradiciones campesinas y populares), presentados siempre como acríticos o irracionales, "superados" en Occidente, desde la Modernidad, por el saber "objetivo" de la ciencia y la filosofía (como si estos saberes no siguieran haciendo sus aproximaciones y tentativas provisionales hacia esa objetividad, como si no se hubieran alimentado de esos saberes tradicionales).


Para una perspectiva crítica sobre el aprendizaje de competencias clave:

-Rosa Cañadell, "¿Qué son y a quién sirven las llamadas competencias básicas?" (6 julio 2021).

-Nico Hirtt (2009), "L'approche par compétences: une mystification pédagogique"

- Manifiesto "Por una educación al servicio de las personas, del saber y de la cultura" (abril 2021)


 Sobre el actual debate curricular, también es interesante el artículo de Martínez Bonafé titulado "Un debate sobre los contenidos del curriculum. ¿Qué saberes son socialmente necesarios?"

domingo, 28 de octubre de 2012

Debates en clase

M., una alumna, afirmaba en un debate en clase: "Yo pienso así, y nadie me va a hacer cambiar". Puede ser entendido como una manera de reafirmarse, de defender sus propias ideas; pero también puede significar el miedo a ser "confundida" con otras ideas, el no estar dispuesta a escuchar otros argumentos, a "dejarse convencer por buenas razones" vengan de donde vengan (y de eso último, creo, tratamos en clase de filosofía).

En otro momento sostenía que después de estar "amargada" estudiando tantos años esperaba poder "vivir bien", tener un "buen trabajo". Yo me acordaba de la escuela de Summerhill y se lo planteé a mis alumnos: una escuela donde los niños y niñas van a clase sólo si lo desean, donde muchos de sus ex-alumnos señalan el afecto y amistad que les ha dejado este lugar, no tanto lo que les haya preparado, bien o mal, para una futura ocupación. Savater recordaba en el diario El País una frase de Martha C. Nussbaum que hace referencia a lo anterior: "La mayoría de ellos (los escolares) fueron criados con la idea de que conseguir un buen trabajo es el objetivo principal de la educación. El concepto de que las personas deben aprender cosas que las preparen para ejercer su ciudadanía de manera activa y reflexiva es una idea que jamás se les cruzó por el camino". Así como, podríamos añadir, educarles de manera que no recuerden con "amargura" el curso que, alumnos y profesores, compartimos.
Otra alumna, A., me preguntaba: ¿Y si no les obligan, quién quiere estudiar? ¿A quién le gusta estudiar? Algunos compañeros diferenciaron entre la curiosidad, el gusto por aprender, y el sistema escolar y su sistema evaluador.
Cuando veíamos el mito de la caverna de Platón también destacabamos lo extraño que nos parecía que, según este filósofo ateniense, los prisionerso eran "liberados a la fuerza". ¿No tenían curiosidad por saber lo que pasaba a sus espaldas, por conocer de dónde provenían esas sombras? ¿No es la filosofía hija de la curiosidad, como señalaba Aristóteles?

viernes, 15 de junio de 2012

Aprendizaje y curiosidad

En la introducción a un libro de Arthur Conan Doyle, 5 aventuras de Sherlock Holmes (Siruela), he recogido estas breves reflexiones que ilustran lo importante de mantener la curiosidad por el mundo que tenemos desde niños, y a la vez cultivar una fina sensibilidad para plantear nuevos problemas, con nuevos enfoques, sin miedo a "abandonar lo seguro".

"El mundo sólo es interesante para aquel que se interesa por él, y sólo se interesa por él quien, a su vez, ha cultivado en sí cierta disposición para que el mundo resulte interesante".

"Alguien que en vez de preocuparse por sumar conocimientos, tiene interés en plantear cada vez problemas nuevos y en plantearlos cada vez de un modo diferente".

"Parece como si la enseñanza hubiera llegado a consistir en aprender algo sin tener que llegar nunca a pensar en ello".

jueves, 15 de marzo de 2012

La fatiga del estudiante

Respuesta de una alumna de 4º de E.S.O. a la cuestión de cuáles serían para ella algunas de las cuestiones fundamentales que le gustaría conocer:


"Me gustaría saber qué hay tras la muerte. Muchas personas dicen que nos reencarnamos..., y yo me pregunto si tendré otra vez que estudiar y todas esas cosas".

sábado, 12 de noviembre de 2011

Educar con humor

    En la clase de francés a la que asisto como alumno hay un profesor auxiliar nativo que siempre tiene una media sonrisa en la cara, que cuando entra en clase nos saluda, nos pregunta cualquier tontería y que parece tenernos predispuestos desde el comienzo de clase a reírnos con cualquier comentario. Es una buena manera de relajar la clase para poder trabajar más a gusto.
    El modelo contrario es el de quien empieza ordenando el trabajo y mencionando desde el comienzo lo que va a entrar en el examen, cómo prepararlo, etc. Si uno estudia solamente para aprobar un examen hace que si no lo superas cualquier esfuerzo realizado no haya valido la prueba.
    Olvidamos que estamos para aprender juntos, no para superar exámenes (¡explíquenle eso al profesorado y alumnado de 2ª de bachillerato!).
    Estudiar para muchos alumnos no se identifica propiamente con aprender sino con superar fastidiosos exámenes y trabajos, encadenarse a un proceso en el que apenas participan más que como resistentes. Una alumna de 4º de E.S.O., Sonia, escribía hace unos días en un trabajo, respondiendo a la cuestión de cuáles eran para ella las cuestiones más importantes, que le preocupaba mucho lo que pudiera haber después de la muerte, y especialmente saber si, en el caso de que hubiera otra vida, tendría que volver a estudiar lo que ya había estudiado en la anterior. Cuando le pregunté por qué había puesto esto, me dijo que porque no le gustaba nada estudiar.
    El escritor Manuel Rivas comentaba hace tiempo en una entrevista, tras una charla en un Instituto, que le había parecido una experiencia muy interesante, que les había comentado a los alumnos la suerte de poder estar en un lugar donde sólo se le pide una cosa al que asiste: que quiera aprender. Ya sabemos que no es tan sencillo el asunto, pero no deberíamos olvidar para lo que realmente estamos aquí, y es para eso, para aprender juntos. Y, a ser posible, con buen humor, sin prisas, sin rígidos programas y objetivos preestablecidos.