domingo, 29 de agosto de 2021

LLega la "happycracia" a la escuela.


En el artículo de Justo Barranco en La Vanguardia (29/03/2019), titulado "LLega la happycracia o la obligación de ser feliz", la socióloga Eva Illouz y el psicólogo Edgar Cabanas responden a las cuestiones planteadas en su reciente libro Happycracia (Paidós). Cabanas denuncia que en el terreno ideológico la psicología positiva se trata de una psicología conservadora:

 “Propone que las soluciones a problemas estructurales tienen soluciones individuales. Pero los trabajadores que viven en un estrés constante no lo tienen porque no gestionen bien sus emociones, es que la situación laboral es precaria, insegura y muy competitiva”. Justamente por eso esta psicología positiva ha entrado con fuerza en la empresa y la educación. “En las empresas obligan a pasar cursos de resiliencia y mindfulness para aprender que eres tú el que ha de encontrar la forma de estar mejor en el trabajo, de eso depende la productividad. Y en la educación se dice que el objetivo es hacer que los alumnos sean felices. Habría que ver qué tipo de ciudadano queremos construir. Crítico y centrado en el conocimiento del mundo o un alumno emocional centrado en el conocimiento de sí mismo. Es complicado que la psicología en vez de ser una herramienta pase a dictar lo que debe ser la educación”.

     Esta noción de felicidad, apuntan Illouz y Cabanas, está “al servicio de los valores impuestos por la revolución cultural neoliberal”: no hay problemas sociales estructurales sino deficiencias psicológicas individuales. Riqueza y pobreza, éxito y fracaso, salud y enfermedad, son fruto de nuestros propios actos. Por ello habría que cuestionar esta noción de felicidad de la psicología positiva: "Hay valores más importantes: la buena vida es justa, solidaria, íntegra, comprometida con la verdad. No es estar preocupados por nosotros mismos todo el tiempo”.

miércoles, 25 de agosto de 2021

Escuela y Mercado


 P.- Define la escuela actual como una empresa destinada a producir beneficios, ¿hasta qué punto es la educación utilitarista?  
R- La batalla contra la escuela proyectada hacia el mercado es una lucha perdida desde el primer momento, porque en la actualidad modulamos todos nuestros métodos de enseñanza en función de la demanda de trabajo del mercado. Esto es un gran error, porque a día de hoy todos los economistas están de acuerdo en que las especificidades del mercado cambian a gran velocidad y los planes de estudio pronto se quedan obsoletos. La formación exige años mientras el mercado cambia velozmente. ¿Cómo podemos afrontar estas mutaciones? Lo principal es formar jóvenes con una cultura básica general muy fuerte. Einstein decía que especializar a los jóvenes significa matar a la curiosidad, y sin ella no hay imaginación ni creatividad, claves para la ciencia y el progreso.

Entrevista a N. Ordine en El Cultural, 24 junio 2017


sábado, 24 de julio de 2021

La colonización psi del discurso educativo

 "(...)No podemos sustituir la transmisión del deseo, del deseo de saber, por una educación emocional que considera la expansión narcisista de uno mismo -de acuerdo a la nueva razón neoliberal- como la única forma de verdad. Por el contrario, de lo que se trata es de promover el descentramiento del propio Yo para abrirse a otros mundos y abrazar el encuentro con la cultura y el conocimiento, más allá del cultivo engañoso de la autoestima y de la ilusión neoliberal de hacerse uno mismo mediante la aplicación de técnicas de gestión emocional".


 Jordi Solé y Segundo Moyano, en su artículo titulado "La colonización Psi del discurso educativo" (Foro de Educación, nº 23, 2017, 101-120), analizan de forma crítica el peso que tiene hoy el discurso psicológico en el mundo educativo: desde el uso abusivo del diagnóstico en salud mental en el marco escolar, a los efectos de la expansión de las neurociencias en el conocimiento pedagógico, o el desarrollo de la psicología emocional en la construcción de "subjetividades emprendedoras". En este sentido, advierten que "cuando los aprendizajes ya no se vinculan con la cultura sino con el comportamiento, es decir, cuando la educación ha renunciado a la transmisión cultural, solo queda la praxis del examen de conciencia". Últimamente, señalan, "la educación está ocupada en hacer que los sujetos internalicen cierta mirada psicológica sobre sí mismos", mediante la aplicación de algunas técnicas psi que ayuden a "gestionar las emociones", una mezcla de Psicología positiva y herramientas básicas de autoayuda que han encontrado en la neurociencia el aval necesario...". La empresa se ha convertido en un modelo general a imitar, y este discurso define una nueva ética, la ética del emprendedor. 

"Técnicas como el coaching empresarial, el training, la programación neurolingüística (PNL), el análisis transaccional (AT), el mindfulness y otros procedimientos de management personal..., se utilizan como "prácticas de gubernamentalidad" a la hora de entrenar a los sujetos en "el dominio de sí mismos... El hecho de que estos programas se presenten con valores que favorecen el bienestar y el desarrollo personal y las inteligencias múltiples (¿quién se atreve a criticarlos?), son acogidos con mucho entusiasmo, sobre todo entre los profesionales más voluntariosos y comprometidos con el cambio educativo". 

Pero, como indican los autores de este artículo, quizás estemos "reemplazando la responsabilidad pedagógica por la de ofrecer cuidados terapéuticos" (cuidados que no pretenden transformar el entorno social sino promover una especie de ascesis emocional o un enfoque de salud mental, que puedan modificar los comportamientos que no se consideren "normalizados" en el modelo de escuela neoliberal).

 

domingo, 27 de junio de 2021

Sobre el pensamiento positivo obligatorio

   "Recientemente una nueva psicología de las emociones mucho más elemental que el psicoanálisis, convertida en una especie de espejo de feria, una corriente de la psicología genuinamente norteamericana, amenaza con servir de cobertura al despliegue del capitalismo neoliberal: la psicología positiva. En un libro titulado Sonríe o muere se ponen bien de manifiesto las falacias de las nuevas tecnologías del yo promocionadas por los gurús de la inteligencia emocional (B. Ehrenreich, 2011). 

    En el año 2007 más de doscientos centros universitarios y de postgrado en EE. UU. ofrecían cursos de psicología positiva. El psicólogo científico pasaba a ser un pastor de las emociones, un gestor del control mental, un entrenador capaz de reconducir a los sujetos a la maximización de su yo, como si se tratase de retornar al narcisismo más primario. ¡Todo está en la mente! ¡Lo importante no es lo que acontece, sino cómo tú lo vives! Tanto los viejos códigos religiosos fraguados en moldes calvinistas, como las predicaciones que tienen lugar en las nuevas megaiglesias, como los pretendidos estudios científicos integrados en el paradigma de la inteligencia emocional o de la psicología positiva apelan a la centralidad del mundo interior, a la necesidad de explorar los abismos del yo para poder entender las claves del universo. En el interior de los cantos de sirena de todas estas ensoñaciones individualistas, narcisistas, se encuentra una negación radical de las relaciones sociales y de las relaciones de poder. La pobreza, la violencia institucional, la explotación laboral, el paro, el trabajo precario, la dominación masculina se desdibujan en nombre de una especie de omnipotencia del yo que convierte en obsoletas las alternativas sociopolíticas. Cada uno tiene lo que se merece. El psicologismo radical es funcional al capitalismo neoliberal. Sin embardo esta sustitución del mundo social por el imperio de las emociones niega las evidencias, niega que no existe el yo al margen del nosotros, ni el nosotros al margen de una moral social sobre la que se basa la lucha por la justicia".

Fdo. Álvarez Uría, Sociología y literatura, Morata, 2020, p. 234-235.

martes, 22 de junio de 2021

Franz Kafka: Informe para una Academia (1920)

    El escritor Franz Kafka escribió en 1917 un relato titulado "Informe para una academia", en el que el narrador es un mono que, sin dejar de serlo, ha entrado en el mundo de la palabra: ha aprendido a hablar y hasta escribe informes para una Academia. Ese aprendizaje se realiza en un espacio parecido a la escuela, un espacio cerrado en el que abandonamos nuestra vida anterior de "mono" (la infancia) y en el que no dejamos de aprender intentando buscar una salida, aunque sea una "salida por la tangente", teniendo en cuenta "que no podía elegir la libertad". 

Aquí os dejo el relato:

 

 INFORME PARA UNA ACADEMIA.

Excelentísimos señores académicos:

“Me hacen ustedes el honor de solicitar que presente a la academia un informe sobre mi anterior vida de mono”.

“En este sentido no puedo, desgraciadamente, atender a la petición”.

Quizás sean pocos años los que he pasado entre ustedes, pero no he querido agarrarme a mi origen, a mis recuerdos anteriores. Me propuse no mirar hacia atrás, y los recuerdos se van difuminando. Conforme pasaba el tiempo más difícil el retorno, más se estrechaba esa puerta. Cada vez me encontraba más integraba, aunque a todos nos quede algo de aquella lejana infancia.

Lo primero que aprendí fue que me ha permitido entrar en el mundo de los hombres.

Soy originario de… Fui capturado… ¿Queda algo de mi naturaleza de mono?

Me desperté en una jaula.. Por primera vez en mi vida me encontraba sin salida… “En caso de que consiguiese sobrevivir a la primera fase crítica, sería fácil de domesticar. Sobreviví a esa fase…”

“Hoy sólo puedo perfilar con palabras humanas lo que entonces sentía como un mono y, en consecuencia, lo deformo”.

“En consecuencia dejé de ser mono…” No tenía ninguna salida. “Utilizo la palabra en su acepción más corriente y completa. Intencionadamente no hablo de libertad. No me refiero a esa gran sensación de libertad en todas las direcciones. Cuando era mono quizá la conocí y he conocido hombres que la anhelaban. Pro lo que a mí respecta, no exigía libertad ni entonces ni ahora. Al margen de esto, mediante la libertad, los hombres se engañan entre sí con demasiada frecuencia...

No, yo no quería libertad, sólo una salida a la derecha, a la izquierda, hacia algún lado. No tenía otras pretensiones. Aunque la salida fuese sólo un engaño, la pretensión era pequeña, el engaño no podía ser mayor.

“Son buenas personas a pesar de todo…”

“Observaba todo con calma”, pero no intentaba la huida.

“Nadie me prometió que se levantaría la reja si me volvía como ellos. No se hacen tales promesas para que se cumpla algo en apariencia imposible”.

“Ahora bien, no había nada en estos hombres que me atrajese de por sí. Si hubiese sido partidario de la mencionada libertad, seguramente habría preferido el océano a la salida que me mostraba la mirada sombría de estos hombres”.

“No me seducía imitar a los hombres; imitaba porque buscaba una salida, por ningún otro motivo”

“Se aprende cuando se quiere una salida. Se aprende sin tenerse en cuenta a sí mismo. Uno se vigila a sí mismo con el látigo, se despedaza uno ante la mínima resistencia… Pero yo gasté muchos maestros e incluso varios maestros al mismo tiempo. Cuando ya estaba más seguro de mis posibilidades, cuando la opinión pública seguía mis progresos, cuando mi futuro empezó a brillar, contraté yo mismo a mis maestros, les hice sentarse en cinco habitaciones consecutivas y aprendí con todos al mismo tiempo saltando ininterrumpidamente de una habitación a otra”

¡Este progresar! ¡Este irrumpir de los rayos de la sabiduría desde todos los rincones al cerebro que despierta! No lo niego, me hacía feliz, pero también reconozco que ya entonces no lo sobrestimaba, mucho menos hoy. Mediante un esfuerzo que no se ha vuelto a repetir hasta ahora en el mundo, he alcanzado la formación media de un europeo. Esto en sí no sería quizá nada, pero es algo en cuanto que me ayudó a salir de la jaula y me proporcionó esa salida excepcional, esa salida humana. Existe una expresión muy acertada: salirse por la tangente. Esto es lo que he hecho yo, me he salido por la tangente. No tenía otra opción, siempre teniendo en cuenta que no podía elegir la libertad”.

sábado, 19 de junio de 2021

Las clases de Manuel Sacristán

 "(Manuel) Sacristán daba a sus clases la forma de un interrogante muy general, que encerraba a su vez otros interrogantes menores y diversas cuestiones laterales; el desarrollo consistía en plantear detalladamente ese interrogante, explicitar la necesidad que había conducido a plantearlo, a poner de manifiesta su relevancia y, a partir de ahí, exponer diversos modos de darle respuesta sin ocultar las propias referencias y las objeciones que éstos podrían encontrar desde puntos de vista filosóficos distintos".

                    J. R. Capella, Sin Ítaca. Memorias (1940-1975), Trotta, 2011.

A continuación, os dejo la presentación que el autor hizo de este libro en el Canal UNED:

Daniel Pennac: "Como una novela" (Anagrama, 2011)

 El profesor y escritor francés Daniel Pennac, al que ya hemos leído en este blog, nos acerca en su libro "Como una novela" a su amor a la lectura, a la que intenta acercar a sus alumnos desde el placer de leer, desde el acceso directo a los libros y no desde el deber del comentario o la glosa escolar:

"El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo "amar", el verbo "soñar"...".

"Entre los "que no leen", los más listos sabrán aprender, como nosotros, a hablar de ello: sobresaldrán en el arte inflacionista del comentario (leo diez líneas, escribo diez páginas), la práctica jíbara de la ficha (recorro 400 páginas, las reduzco a cinco), la pesca de la cita juiciosa...".

"Él llegaba por la mañana del martes, desgreñado por el viento y por el frío en su moto azul y oxidada. Encorvado, con un chaquetón de marinero, la pipa en la boca o en la mano. Vaciaba una bolsa de libros sobre la mesa. Y era la vida".

"Pertenecemos a una generación, a una época, a un medio, a una familia en las que la tendencia era más bien la de impedirnos leer".

"Abrir las páginas de todos los libros. No imponer el deber de la glosa  y del comentario".

"No pedir nada a cambio. No alzar ninguna muralla de conocimientos preliminares alrededor del libro. No plantear la más mínima pregunta. No encargar el más mínimo trabajo. No añadir ni una palabra a las de las páginas leídas...".


    Al final del libro, Pennac enumera los derechos del lector: